Escrito por: Alejandra Montes de Oca
Ya sea por el ajetreo del día a día, las preocupaciones por el futuro incierto, problemas familiares, en el trabajo o con la pareja, las mujeres cada vez más experimentan ansiedad.
La ansiedad es un sentimiento de miedo, temor e inquietud que experimenta todo ser humano cuando se siente amenazado o se encuentra en una situación de riesgo. Esto es normal y positivo porque, incluso, sentir ansiedad en algún momento te puede salvar la vida.
El problema radica cuando ese sentimiento es constante y comienza a afectar en tu día a día y en cosas tan cotidianas y simples como lo es el comer, dormir o salir a la calle.
¿Cómo sé que mi ansiedad ya no es “normal”?
Para responder a esta pregunta debes entender que la ansiedad se puede manifestar física o mentalmente, incluso hay personas que la experimentan de ambas maneras.
Algunos síntomas de ansiedad física:
-Taquicardia
-Dificultades para respirar -Sudoración excesiva
-Tensión muscular
-Temblores, mareo y hormigueo
-Indigestión, diarrea
-Dolor de cabeza
Síntomas mentales:
-Preocupación constante
-Irritabilidad
-Problemas para dormir
-Problemas de concentración
Cabe señalar que si presentas alguno de estos síntomas, primero debes acudir a tu médico de confianza para descartar cualquier otro padecimiento.
¿Tiene cura?
Hay altos grados de ansiedad donde lo más recomendable es asistir con un especialista que pueda determinar si este trastorno requiere de un medicamento; sin embargo, existen otras actividades y ejercicios que podrían ayudarte.
1. Acudir a terapia
¡Está bien reconocer que necesitas ayuda! Muchas veces tenemos tantas cosas en la cabeza, problemas sin resolver, resentimientos, frustraciones o inquietudes que ni nosotras mismas logramos entender. Es por eso que dedicarte tiempo en el diván, podría ayudar a encontrar ese asunto que tanto te está generando ansiedad y a partir de ello, comenzar a trabajar para tu bienestar mental.
2. Yoga y meditación
Aquí es donde la frase “despeja tu mente” cobra sentido. Regalarte unos minutos u horas para olvidarte de los problemas también es sano para tu mente.
3. Hacer ejercicio u otra actividad
Ligado al punto anterior, distraerte y, de paso, ponerte en forma, traerá grandes beneficios, no solo a tu salud mental, sino también física.
4. Ejercicios de respiración
Hasta aquí, los tips recomendados habían sido a largo y mediano plazo, pero si últimamente has presentado ataques de ansiedad, estos ejercicios podrían mitigar la sensación y el malestar que esta genera.
Intenta con la técnica de respiración 4-7-8, también conocida como “respiración relajante”. Consiste en inhalar durante cuatro segundos, retener la respiración durante siete y exhalar durante ocho segundos.
Este patrón de respiración puede ayudar a reducir la ansiedad e, incluso, hay quienes señalan que esta técnica también puede ayudarte a conciliar el sueño.
También puedes probar con la respiración abdominal. Para esta técnica, debes colocar una mano en tu pecho y otra en la barriga, inhala profundamente por la nariz y asegúrate que tu barriga se inflame. Procura que sea la barriga la que se mueva, no el pecho. El objetivo es realizar de 6 a 10 respiraciones lentas por minuto.
5. Técnica de los 5 sentidos
Cuando tengas un ataque y sientas que no puedes respirar, que te estás ahogando o que te vas a morir, intenta esta técnica.
Para este método vas a hacer uso de tus cinco sentidos con el fin de situarte en el momento presente y dejar a un lado las emociones y pensamientos negativos.
Primero, elige 5 cosas que puedas ver en ese momento y nómbralas en voz alta.
Después 4 cosas que puedas escuchar para concentrarte en esos sonidos. Ahora elige 3 cosas que puedas tocar y sentir a través del tacto. Prosigue a oler 2 cosas y conecta con el aroma. Por último, una cosa que puedas saborear.
Si bien estas técnicas y consejos pueden ayudar a reducir la ansiedad, ten en cuenta que cada persona la experimenta de diferente forma, por tal motivo, no te angusties si ninguna de estas recomendaciones te funciona.
A veces, hay que irnos por lo simple. Por ejemplo: salir al aire libre, tomar agua, escribir lo que sientes, escuchar música, compartir tiempo con tu mascota, buscar una distracción o pedir ayuda.
Recuerda que tu bienestar es primero y cuidar la salud mental debe estar entre tus prioridades.